Cuando el autocontrol es fundamental en esta profesión: Sentencia despido disciplinario por falta muy grave a un superior

El personal de seguridad privada está continuamente sometido a tensiones tanto dentro como fuera de su trabajo. Es por eso que el autocontrol es fundamental en un sector dónde la tensión aumenta cada día y cada hora.

Prueba de ello es esta sentencia que os traemos y de la que debemos de aprender que jamás, pero jamás debemos de perder los papeles en un centro de trabajo ante nuestros superiores mientras realizamos nuestras funciones.

Relato de los hechos:

El día 30 de marzo de 2.016, cuando el vigilante se encontraba en su puesto de trabajo, alrededor de las 13:15 se personaron en el mismo dos inspectores de servicios, entregándole uno de ellos una carta de sanción de suspensión de dos días de empleo y sueldo por unos hechos previos, y procediendo a redactar un informe sobre determinados incumplimientos que consideró como tales en ese momento el inspector de servicios. El vigilante se dirigió a los inspectores con expresiones tales como "venís a joderme..., ya te joderé fuera". Y en un determinado momento se abalanzó sobre uno de ellos propinándole un puñetazo, llegando a intentar un segundo que fue parado por la intervención del otro inspector. Mientras abandonaban el lugar los inspectores, se dirigió a ello diciéndoles que podía ir redactando el informe por que se iba a ir de su puesto de trabajo, permaneciendo los anteriores a la espera de lo que el vigilante hacía, continuando con normalidad la prestación de servicios. El inspector acudió a recibir asistencia médica por "erosión en cara lateral, derrame.." y presentó denuncia ante la Guardia Civil.

Como dijimos antes, tales hechos constituyen una falta de carácter muy grave, a tenor de lo dispuesto en el artículo 55.10; y 54.4 del Convenio Colectivo Estatal de Empresas de Seguridad, puesto que no solamente ha habido malos tratos de obra si no una agresión en toda regla a un superior. Por lo que esta empresa, decide proceder a efectuar un despido disciplinario:

 *Los malos tratos de palabra o de obra, o falta grave de respeto y consideración a las personas de sus superiores, compañeros, personal a su cargo o familiares de los mismos, así como a las personas en cuyos locales o instalaciones realizara su actividad y a los empleados de estas, si los hubiere. *La desobediencia grave a los superiores en materia de trabajo y la réplica descortés a compañeros, mandos o público. Si implicase quebranto manifiesto a la disciplina o de ella se derivase perjuicio notorio para la Empresa, compañeros de trabajo o público se reputará muy grave.

Nos guste más o menos hemos de acatar las órdenes de puesto ya que nos están pagando para eso, ser respetuosos y acudir dónde corresponda para defender, si así fuera, las anomalías que creemos que nos afectan laboralmente de manera impropia. Ayudará, como siempre, el acopio de información que hagamos si creemos que somos objetos de una persecución laboral sin motivo alguno.
De todos es sabido que la operatividad, preparación y funcionalidad de los mandos intermedios deja mucho que desear en ciertas ocasiones y también dependiendo de la empresa que sea, pero no dejan de ser escalafones superiores creados por las empresas de seguridad y están por lo que están y para lo que están.

Este tipo de sentencias nos debe hacer reflexionar y enseñarnos que hay otros caminos para ejercer nuestra defensa y que siempre han de estar en consonancia con el Convenio, Ley de Seguridad Privada, Estatuto de los Trabajadores, y Reglamento que son los que rigen nuestra profesión. Cualquier otra acción, como es en éste caso, terminará por hacernos perder la partida. El autocontrol y tener la mente clara, así como la paciencia nos ayudará siempre a tomar las decisiones correctas para solventar aquello que creemos que no es lo más pertinente para el trabajador. Nunca perder los papeles y la compostura porque entonces seremos nosotros los que perdamos.





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