Sancionado por hacer una estupidez que no debía.

Cuando no nos limitamos a realizar nuestras funciones dentro del límite del campo de acción de la Ley y Reglamento, las repercusiones que esto nos puede ocasionar suelen ser algo "dolorosas". Nuestras funciones son las de vigilar el lugar dónde prestamos servicio, y jamás debemos meternos en camisas de once baras ni mezclar sentimientos de disgusto sobre una situación en concreto, en nuestro que hacer diario. Las tonterías salen caras y más con empresas que no son de inseguridad pirata.

En una sentencia que usamos para explicar esto, el día 12 de julio de 2016,  un vigilante de seguridad se encontraba prestando servicios en el recinto de la Universidad del País Vasco.
En el ejercicio de sus funciones, cambió una pegatina que se encontraba situada en una bicicleta dentro del recinto y la colocó en otra bicicleta diferente, que era de propiedad de una profesora de la universidad. Dicha pegatina había sido colocada por trabajadores del personal municipal del Ayuntamiento de Donostia en bicicletas que llevaban tiempo aparcadas en el recinto, con la leyenda de "retirada de bicicletas abandonadas".
El objetivo de colocar dichas pegatinas era evitar que permanecieran aparcadas en los lugares públicos de forma indefinida, por lo que si una vez colocadas no son retiradas por su titular, son retiradas y llevadas al depósito municipal. Dicho proceder no formaba parte de sus funciones y lo llevó a cabo con el objetivo de que se presentase una queja por parte de la trabajadora afectada.

El día 8/8/16, la Dirección de la empresa comunicó al vigilante que había tenido conocimiento de los hechos, y le informó de que dicha actuación había motivado la intervención del Administrador del edificio, en cuyo aparcamiento se encontraba la citada bicicleta, pidiendo explicaciones al Ayuntamiento de Donostia y le pidió al vigilante explicaciones.

El vigilante contestó a la empresa mediante escrito en el que reconocía todos los hechos, informaba de que el objetivo era que se presentara una queja, aceptaba todas las responsabilidades y tenía intención de pedir disculpas a la profesora afectada. 
Para la empresa, cambiar la pegatina colocada por personal del Ayuntamiento en una bicicleta aparcada en el recinto desde  hace tiempo y con efectos de ser retirada por abandonada, la cual la colocó en una bicicleta que sabía que era  de una profesora de la Universidad, y que lo hizo con el objetivo de que la mencionada profesora  presentara una queja, de forma consciente y deliberada, creó  una situación de difícil  explicación que daño irremediablemente la imagen de la empresa en el lugar donde ejercía sus competencias de vigilancia y seguridad.

Esta actitud, desembocó en que se impusiera al vigilante sanción de 16 días de suspensión de empleo y sueldo, al entender que los hechos eran constitutivos de una infracción muy grave tipificada en el artículo 55.4 del Convenio Colectivo Estatal de las Empresas de Seguridad : "falsedad, deslealtad, abuso de confianza tanto a compañeros de trabajo como a la Empresa o a terceros relacionados con el servicio durante el desempeño de sus tareas o fuera de las mismas". La sanción ha sido cumplida.

Con esto queremos decir que cuando conviene a las empresas, estas se rigen por ley y reglamento para aplicar el castigo oportuno a su personal. Mismo castigo que no aplican cuando hay vigilantes pusilánimes que humillan a toda una profesión cuando empujan filas de carros, o barren colillas de las estaciones de tren porque les interesa quedar bien con el cliente en ese momento. Cualquier acto indebido es usado para cargar tintas contra el trabajador cuando conviene.




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